Valores: Amor a la Patria

16 de septiembre de 2014 06:00 AM

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Adolfo Miranda Saenz / Escritor | Opinión

Con este artículo finalizo una primera entrega sobre los valores. En algún momento volveré a ofrecerles una segunda entrega. Por ahora hemos abordado: honestidad, verdad, familia, amistad, perdón y amor a la Patria, con motivo del mes dedicado a ella.

Hay conceptos que se confunden: Estado, país, nación y Patria. El Estado es una concepción jurídica, legal, que se refiere a la manera como se organiza un país determinado (Estado monárquico, republicano, parlamentarista, presidencialista, dictatorial, democrático, soberano, asociado, federado, unitario, gobernado por un solo Poder o por tres Poderes independientes, etc.). País se refiere a una extensión geográfica y puede comprender una nación (Nicaragua), una región (el país vasco en España y Francia; o el país misquito en Nicaragua y Honduras), una provincia (Alsacia, en Francia, de origen alemán), un territorio (las Islas Vírgenes de EE.UU.).

Definir nación es más complicado, porque puede significar dos cosas: a) Conjunto de personas que viven en un mismo territorio, regidos por un mismo gobierno, que tienen una misma “ciudadanía” o “nacionalidad”. b) Conjunto de personas con un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común (los 120 millones de mejicanos que viven en México, más los 30 millones que viven en los EE.UU., más otros millones repartidos por el mundo, algunos con nacionalidades de otros países, ciudadanos de otros países, pero sintiéndose todos mejicanos, hablando español y conservando sus tradiciones).

Finalmente, Patria: es la tierra a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos (aquí la clave son los vínculos afectivos, el amor). Patria puede ser la tierra natal, o adoptiva, o ambas; puede ser la tierra de los antepasados, o la tierra que nos dio acogida, o simplemente “la tierra que se ama”. Podemos tener una, dos o incluso varias Patrias a las que amar. La nacionalidad, la ciudadanía, el sitio donde uno vive, etc., son aspectos legales, quizá requisitos necesarios, obligados, formales o circunstanciales que pueden implicar o no un amor patriótico. Patria es la tierra que amamos (o las tierras que verdaderamente amamos).

Un buen ejemplo sería el de los estadounidenses que forman una nación de emigrantes de muy diferentes naciones del mundo. La mayoría son ciudadanos de los EE.UU. y han vivido allí por años, quizá por generaciones; obviamente aman a los EE.UU. como su Patria. Pero —aunque algunos sí— muchos no olvidan sus orígenes, sus raíces, su historia y costumbres. Los de origen irlandés el Día de San Patricio se engalanan de verde —el color nacional de Irlanda—, hacen desfiles, fiestas y proclaman su orgullo de ser irlandeses, hijos, nietos, bisnietos de irlandeses. Irlanda es también su Patria. Igual hacen los mejicanos y varios nicaragüenses que viven en EE.UU. Conscientes de esa realidad, muchísimos países permiten tener otras nacionalidades conservando la original. Los descendientes de franceses por varias generaciones son franceses, aunque no hayan estado en Francia, si se inscriben en su Embajada, y les entregan su pasaporte. Hay quienes tienen dos o tres pasaportes diferentes y dos o tres Patrias a las que profesan sincero amor patriótico.

Amar a la Patria es un valor positivo. Más que un territorio, la Patria son nuestros seres queridos, de quienes venimos y compartimos una misma historia. Con quienes tenemos una misma raíz, tradiciones, cultura; un orgullo nacional por el que nuestros antepasados lucharon. Ellos forjaron una nación que compartieron con nosotros por muchas generaciones, lo cual jamás debemos olvidar. Igualmente, la Patria son las personas con las que hoy convivimos, compartimos esperanzas, forjamos un porvenir y un destino común.

Fuente: elnuevodiario.com.ni

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