Camino de servidumbre. La Prensa

16 de septiembre de 2014 03:35 AM

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Nos estamos llenando de chinos y muy pronto estaremos llenos de rusos. Ambas naciones fueron aberradamente comunistas o socialistas, que para el célebre Hayeck vienen a ser la misma cosa. Tanto rusos como chinos se convencieron, luego de crueles penurias, tormentos y asesinatos a sus pueblos, que aquel sistema no funcionaba y tuvieron que tomar el camino del odiado sistema de la “sociedad de consumo” donde hoy ambos disputan los mercados del mundo. Pero ese es otro cuento.

La rivalidad de chinos y rusos con los Estados Unidos ha continuado y al parecer tiene visos de nunca parar. Ahora en una especie de guerra fría económica extienden, o tratan de extender, sus influencias en nuestra América Latina. Y nuestra Nicaragua, con un gobierno que siempre soñó ser comunista, está sirviendo de punto de enlace para que tanto Rusia como China le enseñen los dientes a los Estados Unidos penetrando en su patio trasero, Centroamérica y el área del Caribe.

Con un sospechoso e imposible canal interoceánico de 280 kilómetros de largo por medio kilómetro de ancho, rompiendo valles, montañas, ríos, fincas cultivadas, haciendas y poblados enteros, los chinos han llegado, mediante contrato con el ejecutivo, ratificado por la Asamblea Nacional, a tomar posesión de la soberanía que se les ha entregado.

Los chinos y personal del gobierno andan levantando censos en la supuesta ruta del canal, interrogando a los habitantes, con la presencia de miembros de la Policía y del Ejército, casi señalándole a los humildes pobladores que serán desalojados mediante paga del precio catastral de la propiedad.

Los personeros del gobierno afirman que el supuesto canal dará trabajo por lo menos a doscientos mil nicaragüenses. La experiencia de Costa Rica con la construcción por los chinos del Estadio de futbol nos dice que no hubo obreros ticos trabajando, trajeron centenares de chinos y fueron ellos quienes hicieron el trabajo. Conociendo el trabajo esclavo que realizan los chinos en sus fábricas, no tenemos por qué suponer que no traerán aquí todos los miles de chinos que requiera la obra, si es que la hacen.

Hace pocos días el nuevo Zar de la Rusia moderna don Vladímir Putin estuvo en nuestro país. Hizo una escala técnica en el aeropuerto de Managua para entrevistarse con el señor don Daniel. Ya se había rumorado que Rusia instalaría una base de abastecimiento de sus barcos en el océano Pacífico de Nicaragua. Luego de la visita del señor Putin un importante miembro del gobierno ruso confirmó los rumores del caso, y hoy en día apareció la noticia de que aviones rusos se encargarán de patrullar las costas Atlántica y Pacífica de Nicaragua para proteger el imaginario canal interoceánico.

Hablando con un entendido en la materia me expresó que en todo esto Nicaragua está metiéndose entre las patas de los elefantes. Esto es enredarse en problemas propios de los rusos con los norteamericanos. Me dijo que Putin vino aquí a enseñarle los dientes a Obama y que esa fue la principal razón de su escala técnica.

Puede ser que mi informante tenga razón, pero nadie puede dudar de que el gobierno de don Daniel estaría feliz con un patrullaje ruso en nuestras costas, no por el patrullaje en sí, sino por el significado del mismo, el tener a una potencia extranjera haciendo causa común con los supuestos avances socialistas, cristianos y solidarios de Nicaragua.

Lo que yo pienso es que este tipo de intimidades con chinos y rusos solamente nos conducen a un camino de servidumbre, tal como reza la famosa obra de Frederick Hayeck. Y para servidumbres ya hemos tenido bastantes.

El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.

Fuente: laprensa.com.ni

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